Cinco Mitos Conceptuales del Agua en la Costa del Perú


Noël Pallais Checa, PhD

“A menudo el peor enemigo de la verdad no es la mentira, deliberada, construida y deshonesta, sino el mito, persistente, persuasivo y no realista.”   J. F. Kennedy 

VIDEO DE PRESENTACION EN TUMBES

La historia del agua en el Perú contiene dos impresionantes paradojas: 1) un eficiente y eficaz manejo del agua por los antiguos peruanos, cuya ingeniería ha maravillado al mundo entero, y un vergonzante presente, en el cual hemos colocado al Perú entre los últimos 30 países en los cuales la población padece de escasez de agua, y 2) el Perú está entre los primeros 17 países con más agua dulce disponible en la tierra, sin embargo, el agua dulce accesible para el setenta porciento de los peruanos—que habitan en la costa del Perú—es menos del uno porciento del agua que le corresponde a todos los peruanos.

En la Costa del Perú no llueve y el agua disponible para la agricultura, la industria, la minería y la población, depende principalmente de 53 ríos de flujo irregular desde las partes altas hacia el océano Pacifico; entre los cuales solamente seis ríos fluyen todo el año  (Ej., ríos Tumbes y Chira).

1. Nos estamos quedando sin agua en la Costa del Perú…

Entre los impactos esperados por el aumento en el calentamiento global causado por el hombre, se encuentra la mayor probabilidad de períodos muy lluviosos y de extrema sequía. Ambas situaciones dan como resultado menos agua disponible para las poblaciones de la costa del Perú, esto debido a la mayor colmatación por sedimentación en las represas y a la insuficiencia de agua.

Es razonable asumir que durante los últimos diez mil años, la costa peruana no se ha caracterizado por la abundancia de agua. Los antiguos peruanos que decidieron vivir en la costa, desde hace por lo menos siete mil años, reconocieron que debían adaptarse a estas condiciones y manejar la poca agua disponible con especial cuidado. Hoy que el riesgo climático y la densidad poblacional es mayor, es una obligación ineludible retomar estos cuidados para poder sobrevivir como civilización.

Aceptar a priori que “nos estamos quedando sin agua”, nos obliga a pensar en soluciones simplistas basadas en la búsqueda de más agua. Lo que necesitamos antes es reconocer que debido a nuestra falta de responsabilidad hacia el uso del agua, no hemos aprendido a manejar el recurso que tenemos disponible de una manera eficaz y eficiente. Si no corregimos rápidamente este error fundamental, no vamos a poder adaptarnos a los extremos climáticos que ocurrirán con mayor frecuencia, como consecuencia del aumento de la temperatura global.

2. No tendríamos escasez de agua si no fuera por… [insertar aquí villano favorito]

Todos tenemos a nuestro villano favorito al que consideramos principal culpable de la escasez de agua, que cada vez más a menudo enfrentamos en la costa del Perú. Por ejemplo, los arroceros, los cañeros, el “descontrol” de la natalidad, el abandono y destrucción de los antiguos canales de agua por los españoles durante la conquista, etc. Pero la realidad es que los únicos responsables somos nosotros mismos.

Una característica que nos identifica como los responsables de la falta de respeto y mal manejo de nuestra civilización por el agua, es que no la medimos. Como consecuencia, la desperdiciamos y la contaminamos a nuestro gusto y antojo. Por ejemplo, una gota de agua que cae de una gotera durante 24 horas desperdicia 80 litros de agua, pero nadie lo sabe y eso hace que nadie muestre interés en remediarlo. Necesitamos urgentemente campañas agresivas de publicidad para educar a la población sobre la importancia crucial que existe en el uso racional del agua.

3. Podemos construir (represas y transvases) para solucionar la escasez de agua…

La represa Poechos es un ejemplo de un proyecto imprescindible para la sostenibilidad de la agricultura en la cuenca del rio Chira. Sin la posibilidad de retener y almacenar agua durante las épocas de mayor flujo del río Chira, no se podría sostener un sistema agrícola productivo en el valle. Esto se debe a que la masa de agua del río se ve reducida durante una buena parte del año y hay años en que la escorrentía no es suficiente para cubrir la demanda.

Desafortunadamente, el proyecto Poechos ha sido mal manejado: con el desastroso resultado de su casi 50% de colmatación causada por exceso de sedimentación. La represa fue originalmente diseñada para almacenar 1000 MMC (millones de metros cúbicos), sin embargo, hace unos días la buena noticia “fue que la represa de Poechos contaba con 250 MMC para la siguiente campaña agrícola”. Todas las represas que se construyen en los cauces de los ríos sufren de colmatación, y el problema se intensifica durante las épocas de excesivas lluvias sin la debida protección de la cuenca para reducir la velocidad del flujo de agua. Solamente nos hace falta un buen Niño para que la represa de Poechos se termine de colmatar, y sólo sirva para que un inversionista decida extraer la buena cantidad de oro que deben de contener los sedimentos, y así se termine de contaminar la cuenca con mercurio.

Es de amplio conocimiento que, debido a la falta de planificación y ejecución integral del proyecto Poechos, se obvió la necesidad sine qua non de proteger toda la cuenca. La solución temporal que hoy proponen algunas personas bien intencionadas es aumentar la capacidad del embalse, elevando las paredes de contención. Sin embargo, la única solución sostenible se basa en reducir la colmatación a su mínima expresión con el manejo integral de la cuenca.

La estrategia del gobierno central para aumentar la disponibilidad de agua en la costa peruana se ha basado casi exclusivamente en grandes proyectos de transvase de agua desde cuencas excedentarias, a otras consideradas deficitarias. La construcción de represas y sistemas complementarios de conducción de agua a larga distancia es considerada como la única y urgente solución capaz de satisfacer la demanda de agua necesaria. Y de esta manera, “mantener el crecimiento económico, reducir la pobreza y alimentar a una población en rápido crecimiento”.

Sin embargo, la conclusión de un amplio informe de estudio de casos a nivel mundial—que incluye el caso de Olmos—recientemente formulado por la WWF (Global Freshwater Program), no concuerda con la idoneidad de considerar a los proyectos de transvase entre cuencas como una panacea para solucionar la deficiencia de agua; puesto que, si bien pueden ayudar a resolver problemas de suministro de agua en zonas con déficit, acarrean considerables costos y riesgos ambientales y sociales que afectan tanto a la cuenca que proporciona el agua, como a la cuenca que la recibe. La recomendaciones principales del informe son:

1. Reducir la demanda de agua;

2. Reciclar las aguas residuales;

3. Complementar localmente el suministro de agua; y solo después de esto,

4. Considerar el transvase como la última opción.

Se espera que debido al aumento del calentamiento global causado por el hombre, se va a incrementar la frecuencia de los extremos de exceso y falta de agua. Un enfoque racional para establecer políticas que permitan adaptarnos a estas condiciones de mayor riesgo, requiere la elaboración de soluciones basadas en información técnica, transparente y de amplio conocimiento público. Y si el análisis nos revela que es posible y absolutamente necesario hacer un transvase de gran envergadura que sea sostenible y transparente con relación a su razonable impacto ambiental, es nuestro deber ejecutarlo.

Pero la rapidez con la que se aprueban proyectos de transvase obedece a nuestra facilidad de aceptar mitos acerca de la situación hidrológica de la costa peruana, y a la oportunidad de obtener mega recursos por los promotores. Por ejemplo, en muchos casos existen alternativas de fuentes de agua subterránea que no han sido evaluadas; como en el caso del enorme (5,000 Km2) acuífero confinado que existe en Piura (Zapallal) y que abarca hasta el Norte de Lambayeque. Los costos de inversión por metro cúbico de agua en los proyectos de transvase Olmos y Alto Piura, no han sido comparados con el costo de la alternativa de obtener agua dulce del subsuelo de Piura.

Acuífero ZAPALLAL (José Arce Helberg)

El Proyecto Alto Piura pretende habilitar 18,000 Ha. nuevas de cultivo con agua de riego a un costo de setecientos dos millones de dólares. Sin embargo, suficiente agua de buena calidad para regar 20,000 Ha. se podría obtener del acuífero Zapallal con una inversión más de treinta veces menor. Tal como lo demuestran los estudios de Arce, y los resultados del pozo Ramón en Sechura; con 90 metros de profundidad y flujo artesiano de agua dulce hasta 4 metros sobre la superficie durante 36 años. Para complementar la deficiencia de agua del río Huancabamba a través del transvase desde la represa Limón, el proyecto de Olmos tuvo la suerte de encontrar agua en el subsuelo del acuífero Zapallal, al perforar seis pozos de 100 a 180 m de profundidad con flujo artesiano hasta 30 m de la superficie. En Mórrope se acaba de perforar un pozo de 200 m de profundidad—también adentro del perímetro del acuífero Zapallal—con similares características a los pozos de Olmos. Por ejemplo, cien pozos similares al pozo en Mórrope, que posee una productividad de 90 l/s, tendrían un costo de quince millones de dólares y serian suficientes para regar 20,000 Ha. El costo de los pozos (700 dólares/metro) se reduciría considerablemente en cerca de 50% de las localidades en Sechura, porque la superficie está a menor altura sobre el nivel del mar que los pozos en Lambayeque.

Usando las “avenidas promedio” del río Huancabamba parece factible pensar que las tres represas (Limón, Tronera 1 y 2) serán capaces de retener y almacenar los aproximadamente 700 MMC del río Huancabamba que se requieren para suplir a ambos proyectos, Olmos y Alto Piura. Sin embargo, cuando las “avenidas mínimas” del rio durante las épocas de sequia son debidamente analizadas, los factores de riesgo son considerables. Tal como sucedió en el caso del proyecto Olmos y fue lo que los obligó a investigar la posibilidad de obtener agua complementaria del subsuelo. Además, con un manejo similar a la represa de Poechos, la capacidad de estas represas eventualmente se verá reducida. Esto incrementa el riesgo de insuficiente flujo durante épocas de sequía, y la sostenibilidad de los proyectos agrícolas y de generación de energía de los cuales depende el proyecto.

4. Podemos conservar agua para solucionar el problema de escasez de agua…

Si realmente existe escasez de agua, no sería posible conservar agua. Además, considerar el recurso de agua como algo que debemos “conservar” o reducir su uso es un error conceptual. Debemos usar eficiente y eficazmente toda el agua disponible, antes de que se pierda en el mar. Y si nos sobra agua, la debemos usar para ser más limpios, restablecer ecosistemas y producir más y mejor.

Ahora bien, el concepto de “conservación de agua” se puede identificar con la construcción de represas para evitar las pérdidas netas de agua dulce al mar; como es el caso de Poechos con el agua del río Chira. Lo mismo ocurre con la necesidad de conservar el agua que se pierde al mar por el rápido derretimiento de los glaciares—debido al calentamiento global—en lugares como en Cusco donde el agua disponible depende de esta fuente. Pero en el caso de las cuencas que se nutren exclusivamente de fuentes pluviales, la solución es la “conservación del suelo” en las partes altas de la cuenca. La repoblación del bosque aumenta la capacidad de retención de lluvia por el suelo, y de esta forma se disminuye la pérdida neta de agua dulce al mar.

El concepto de “conservación de agua” definido en 1998 por USEPA se refiere a “cualquier reducción benéfica en las perdidas de agua, generación de residuos o uso.” Sin embargo, la reducción de “cualquier perdida de agua” no necesariamente resulta en una mayor disponibilidad de agua en la cuenca. Existen casos en que el resultado podría ser de una menor disponibilidad y de una mayor destrucción ambiental. Hay que recordar que la ineficiencia en el uso del agua de los agricultores en la parte alta de la cuenca, da como resultado el agua que usan los agricultores cuenca abajo. Si un agricultor en la parte alta aumenta su eficiencia de riego, y utiliza el agua que antes desperdiciaba para producir más en terrenos que antes eran bosques, la disponibilidad de agua para los agricultores cuenca abajo sería reducida, y el medio ambiente destruido. Solamente la reducción de “pérdidas netas” de agua de la cuenca puede resultar en una mayor disponibilidad de agua.

El término de “eficiencia en el uso de agua” (EUA) debe ser restringido a su uso como indicador genérico, delimitado por un espacio y tiempo específicos. En su sentido estricto, el indicador EUA no contiene unidades, pues se trata de dividir el volumen de agua en la entrada del sistema (llámese, ciudad, casa, chacra, distrito, o región) por el volumen de agua en la salida. En la práctica se utiliza el concepto de eficiencia como un indicador subjetivo de la eficacia en el uso de agua: colocamos en el numerador un parámetro deseado (llámese, menor generación de residuos y uso de energía, menor extracción de agua del rio, “felicidad”, PIB, exportaciones, productividad, etc.) y lo dividimos por el volumen de agua utilizado.

La agricultura y las áreas verdes naturales, sin lugar a duda, son las actividades que utilizan más agua dulce disponible y causan la mayor proporción de pérdidas netas (80-90%) de agua en la cuenca. La agricultura es la actividad económica menos “eficaz” en lo que se refiere a la generación del crecimiento económico (PBI) a través de las exportaciones. La minería y la industria utilizan menos de 6% del agua disponible, devuelven a la cuenca la mayor parte del agua utilizada y generan casi la mitad del PBI. La eficacia económica de la industria y la minería, sin embargo, es prácticamente anulada por la alarmante contaminación causada por las aguas empleadas y devueltas a la cuenca en ambas actividades, y por el daño que esto resulta en la población y en el medio ambiente.

Las pérdidas por evapotranspiración (ET) de los cultivos y el bosque se consideran como perdidas netas razonables. Es posible reducir significativamente la proporción de agua que se pierde en la actividad agrícola que es evitable, y que por consiguiente “no es razonable”. Una buena parte (20%) del agua que se pierde en vano, se debe a la “sobre irrigación” por encima de los niveles necesarios para satisfacer la demanda de ET, y para “lavar sales” (depositarlas debajo del sistema radicular del cultivo); lo cual es de suma importancia para evitar la salinización del suelo en regiones donde nunca llueve.

Pero la mayor parte del agua (30%) que se pierde en la actividad agrícola ocurre durante la conducción que se desprende de los canales principales revestidos de cemento. Parte de esta agua regresa a la cuenca, y otra parte se pierde o se deposita en aniegos temporales. No hace falta señalar que, no existe un incentivo necesario para alentar a los agricultores a revestir sus canales de conducción.

No se puede ser eficiente en la aplicación de agua para producir un cultivo, cuando no se mide la cantidad de agua que se aplica en cada riego. No existe entre los agricultores el conocimiento de la importancia de estimar la demanda diaria que pierde el cultivo por evapotranspiración. Y mucho menos, existe preocupación por la necesidad de conocer el volumen de agua almacenada en el suelo que es disponible para el cultivo. Es imposible ser eficiente con el uso de agua en la agricultura sin la debida información sobre el volumen de agua, 1) aplicada, 2) perdida por evapotranspiración y 3) disponible en el suelo. Los agricultores pueden fácilmente aprender a evitar el exceso de aplicación de riego, pero esto solamente se resuelve proveyendo a los agricultores con “incentivos”.

El reto que enfrenta la agricultura en el Perú es considerable pero es posible de lograr. Es necesario concentrarse en aumentar la productividad del uso de agua de riego. Esto se logra maximizando la eficiencia en la conducción y aplicación de agua de riego, y produciendo cultivos de mucho mayor rentabilidad para que resulten en una mayor proporción de las exportaciones y del PBI.

5. Existe conflicto entre la solvencia de la economía y los ecosistemas…

El gobierno peruano se ha planteado el reto prioritario de asegurar recursos hídricos a una población y una economía en rápida expansión. Los principales ejes promotores del ejemplar crecimiento económico del Perú son la industria y la minería. La necesidad de conservar los ecosistemas de agua dulce y los servicios importantes que estos nos proporcionan, no es considerado como primordial. Esta preocupación se considera principalmente para satisfacer las demandas de los ambientalistas; y se resuelve con estudios de impacto “hechos a la medida”.

No existe conflicto con la solvencia de los ecosistemas cuando una “economía solvente” se entiende como una “economía sostenible”. Existe este conflicto sólo cuando la economía se basa en el corto plazo, y en la extracción, destrucción y contaminación del medio ambiente, especialmente de las fuentes de agua. Al ritmo y compás del rápido crecimiento económico peruano—identificado con la proliferación de industrias, proyectos mineros y aumento poblacional urbano—crece la contaminación de los ríos y de las aguas que fluyen en el subsuelo hacia la costa del Perú. Los que consideran irracionales a los que se oponen a la explotación minera se basan en estudios de impacto ambiental. Pero para nadie es un secreto que se elaboran estudios de impacto a la carta, financiados por los intereses creados en la economía extractiva y de corto plazo.

Un verdadero estudio de impacto requiere información hidrológica precisa del subsuelo, que no existe. Es decir, ni siquiera un estudio imparcial podría llegar a una conclusión sólida sobre el impacto de una explotación sobre las fuentes de agua. Ni en los Estados Unidos de América, con todas sus leyes y cuidados han podido proteger sus acuíferos de la contaminación industrial. Sin embargo, hoy en el Perú cualquier abogado “especializado en el medio ambiente” elabora un estudio de impacto ambiental que logra satisfacer los requisitos legales. Mientras el crecimiento económico del Perú continua pujante, el costo escondido lo paga la población que depende del agua que fluye en las 54 cuencas de la costa peruana, al consumir cada vez más y más arsénico, bario, cadmio, cobre, cromo, mercurio, plomo, plata y cianuro.

La minería y la industria son importantes ejes de crecimiento económico que no deben ser condenados por la población. Pero es necesario frenar los resultados de la ambición desmedida de muchos inversionistas, y que se deben a la ausencia de una entidad pública verdaderamente responsable por la salud ambiental.

Prácticamente todo el subsuelo peruano es una mina en potencia. Y es necesario pensar en el país que queremos heredar las generaciones venideras, después que se termine de extraer todos los minerales rentables que existen. Porque la evidencia indica que un lugar donde se encuentra o se encontraba una mina no se identifica con una atracción turística, pues lo único que se encuentra es destrucción ambiental, pobreza y contaminación.

Conclusiones

El agua disponible para los habitantes de la costa peruana nunca ha sido abundante. Los peruanos han sobrevivido miles de años en estas condiciones debido a su capacidad de adaptación y al manejo eficaz y eficiente del recurso.

Los mayores responsables de la escasez de agua en la costa del Perú somos nosotros, no aquellos ni los otros…

Construir represas en los ríos sin tomar en cuenta el manejo integrado de la protección de la cuenca para evitar su colmatación, es repetir la experiencia de la represa Poechos.

Es de suma importancia considerar los transvases de agua de una cuenca a otra cuenca como la última opción para aumentar la disponibilidad de agua en la costa del Perú.

El costo de inversión por metro cúbico sería 35 veces inferior al costo del Proyecto de transvase Alto Piura, cuando se considera la alternativa de aumentar la disponibilidad de agua en el Norte del Perú explotando el acuífero confinado Zapallal, que abarca mas de cinco mil kilómetros cuadrados.

El agua dulce disponible para los habitantes de la costa peruana debe ser valorizada por la población a través de un programa de amplia capacitación pública.

El término “eficiencia en el uso de agua” (volumen de agua entrada/volumen de agua salida) se debe usar como indicador genérico delimitado por el espacio y el tiempo.

Es posible evitar la mayor parte del agua que se pierde en la agricultura proveyendo a los agricultores de información e incentivos.

Es imposible ser eficiente con el uso del agua si no la medimos.

La agricultura es el mayor consumidor del agua dulce disponible y es de suma importancia aumentar la eficacia del uso de agua produciendo cultivos más rentables.

La experiencia en los Valles de los ríos Chira y Piura demuestra que la agricultura y la minería no son compatibles en una misma cuenca.

Noël Pallais Checa PhD

npallais@gmail.com

6 Responses to “Cinco Mitos Conceptuales del Agua en la Costa del Perú”

  1. Estimado Noel
    Hay muchas verdades dichas en sus notas. Pero tambien hay algunas inexactitudes y aventuranzas que promueven cosas similares a las que Ud mismo hace referencia como queja por falta de medidas coeherentes, planificación y conocimiento del recurso hídrico. Y para hablar de ello evidentemente la experiencia cuenta pero tambien los datos reales del sistema. Y de nada vale que un solo pozo esté en producción a lo largo de mas de 30 o 40 años, botando agua sin que nadie la controle, con una carga hidráulica superior a 4 metros sobre el nivel del terreno. Y no sirve de nada esta información, ni la geofísica si es que no se conoce la recarga del sistema acuífero.
    Ya me dirá Ud como hace para poner en producción agrícola un sector con cientos de pozos como el que Ud ve brotar ahi delante de sus ojos, como hace para manjer y hacer rentable la necesidad de inversionistas, como hace para que esos pozos NO SE SEQUEN de un dia para otro por falta de planificación, como ha sucedido mas de una vez. Como hace para que no se salinicen los suelos y arruinen la cosecha!!, porque el clima es muy benigno es verdad, pero los suelos son salinos y no tienen piedad.
    Quedo a su disposición para discutir este ymuchos otros temas que pudieran ser de su interés.
    Un colega experto en aguas superficiales y subterraneas.

    • Estimado José,

      A mi me gustaría aprender de usted (vivo en Piura). Tus comentarios claramente evidencian tu superior conocimiento. Yo ciertamente estoy expandiendo mi capacidad (Manejo de Agua en la Finca) y atreviéndome a usar un poco mi imaginación. La única esperanza es la de inspirar la vista nuestra hacia nuestras aguas bajo la tierra.

      • Al igual que Ricardo hemos trabajado en la zona de Olmos y podemos dar fe de cuanto de verdad y cuanto de fantasía hay en todo ello. A su servicio Jose Bolzicco. 979104170

  2. Noel quisiera que me des unas pautas sobre algunos posos tubulares en la zona de castilla_piura. saludos

  3. Ricardo Mogollón Says:

    Estimado Noel
    No me cabe duda que la mayoría de sus comentarios hechos son reales y verdades, pero no es del todo cierto que un sistema hidrogeológico se sostenga durante el tiempo sin antes hacer estudios de más precisión en cuantificar la producción de los pozos, un solo pozo perforado cerca no GARANTIZA NADA, si antes no se ha hecho un modelamiento del acuífero, esto ya se puede realizar gracias a las herramientas informáticas que existen.
    Cualquier respuesta o sugerencia me lo hace saber, le habla y saludo un Hidrogeólogo que trabaja en Olmos y maneja información de importancia en éste tema.

    • Estimado Ricardo,
      Gracias por tu comentario y tienes toda la razón es importante investigar y cuantificar. Me interesa mucho conocerte puesto que, estoy desarrollando la posibilidad de una consultoría en Olmos. Atentamente, Noël

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