Biopiratas reconquistando el Perú


Nihil novum sub sole

El Perú es uno de los países con mayor diversidad biológica en el mundo y le urge comenzar a utilizar esta ventaja comparativa.

Mega Biodiversidad del Perú

La depredación de los recursos naturales del Perú comienza con la llegada de los colonizadores españoles. Y hoy nada se puede hacer para recuperar los derechos peruanos de propiedad sobre la papa, el camote, maíz, caucho y tabaco. Tampoco, sobre la usurpación reciente de los derechos sobre la uña de gato, con propiedades contra el SIDA. Pero sí podemos impedir la posibilidad de que ocurran otros casos más. Asimismo, es necesario invertir en la investigación y desarrollo económico de especies peruanas y asegurar que los beneficios vayan a las comunidades y pueblos, que son sus propietarios.

La historia de la quinina ilustra la importancia de los recursos biológicos del Perú y la facilidad con que el Perú ha sido despojado por los países desarrollados. En 1636, un curandero Inca curó las fiebres recurrentes causadas por la malaria, a la esposa de un Virrey español, con la corteza de la quina. La esposa del Conde de Chinchón se encargó de distribuir en Lima “Polvo de la Condesa” a quienes sufrían de esta enfermedad.  Los jesuitas pronto enviaron este remedio a Europa como “Polvo Jesuita”. Poco tiempo después, el Cardenal Lugo se encargó de dispersar en Roma, conocida como capital de la malaria, el milagroso “Polvo del Cardenal”.

El siglo 21, se vislumbra como “La Edad de la Biología”. Productos derivados de materiales biológicos paulatinamente irán reemplazando a aquellos manufacturados con metales y químicos. La búsqueda de genes de organismos vivos que sirvan de ingrediente para nuevos productos (farmacéuticos, alimentos, etc.) son una nueva versión de la antigua “Fiebre del Oro”. El termino “biopiratería” se refiere al proceso de obtención y explotación de los derechos de propiedad intelectual de culturas indígenas y pueblos, sobre sus recursos biológicos, por los monopolios internacionales. Casi el 95% de los recursos genéticos vegetales, que hoy concitan el interés de los investigadores científicos en países desarrollados, provienen de los países pobres.  Más de dos tercios de la diversidad y riqueza biológicas de la tierra está localizada en sólo 17 de estos países.

Los “biopiratas” no se parecen a los robustos bucaneros; que con ojo vendado y filoso cuchillo entre los dientes hace 500 años se adueñaban de lo que querían. Hoy se visten con terno y corbata y, en lugar de asesinar, despojar e incendiar, se disfrazan de benefactores y obtienen sutilmente derechos legales en forma de patentes. El sistema de patentes empleado por el “Neocolonialismo del siglo veintiuno” se basa en el razonamiento mismo detrás del descubrimiento de América por Colon y de las preocupaciones de Sir John Cabot, Sir Humphrey Gilbert y Sir Walter Raleigh. El tratamiento de la piratería como derecho del colonizador es necesario para la “salvación” del colonizado. El sistema internacional de patentes continúa siendo el arma protectora de la piratería sobre la riqueza de los países más pobres, como un derecho casi divino de las poderosas compañías transnacionales.


Existe una preocupación internacional aparente sobre este tema crucial. El Convenio de las Naciones Unidas sobre Diversidad Biológica (“CBD”– Tratado de Biodiversidad) fue suscrito en 1992 en Río de Janeiro y firmado en 1994 por 157 países. La intención del CBD es asegurar la conservación de la biodiversidad biológica, el uso sostenible de sus componentes y el justo repartimiento de los beneficios. En 1995, el CBD había sido ratificado por 117 países (incluyendo al Perú, la Comunidad Europea, Canadá, Japón y Rusia). Los Estados Unidos de Norte América (USA) lo firmaron con reserva en 1994 pero todavía no lo han ratificado. En la reunión de la Organización Mundial de Comercio (WTO) en la India en 1998, los representantes de USA no aceptaron la existencia del fenómeno “biopiratería”. Además, durante la última reunión del WTO en Marzo de 2001 en Montreal, un panel de expertos no llego a acuerdo alguno sobre la implementación de las condiciones para el acceso a la propiedad intelectual de recursos biológicos. Mientras la indecisión continúa, los “biopiratas” no descansan en obtener nuevas patentes de cultivos tradicionales, como el arroz, el maíz, los frijoles, así como de una gama de otras plantas y cultivos exóticos.

Las instituciones responsables de “proteger” los recursos biológicos del mundo son la Organización de Naciones Unidas, a través de la FAO en Roma, y el Grupo Consultivo de Investigación Agrícola Internacional (CGIAR) en Washington DC. El CGIAR se mantiene con fondos donados y depositados en el Banco Mundial por los países desarrollados y está encargado de conservar más de medio millón de distintas variedades de los cultivos más importantes, en 11 bancos de germoplasma dispersos principalmente en América, Asia, y África. El valor de estos recursos está calculado en 5,400 millones de dólares (“5.4 billones en USA”). Cada banco es parte de un centro internacional dedicado a la investigación de estos cultivos. En 1994, los Centros firmaron acuerdos con la FAO, donde se comprometen a mantener el germoplasma “para beneficio de la humanidad” y distribuirlo “sin restricciones”, con la condición de no ser patentadas. El sistema CGIAR fue creado en los años sesenta por los países desarrollados para incrementar la producción de alimento en los países pobres. Los tiempos han cambiado y hoy no se respira en ellos ese aire de benevolencia. Durante las últimas dos décadas el CGIAR se ha visto debilitado porque el sistema creció a 16 Centros, sin prever que los países donantes reducirían sus aportaciones.

La influencia económica que ejercen los más poderosos “biopiratas” sobre las decisiones de gobiernos como USA es evidente. Y no sorprende que la  riqueza de recursos biológicos almacenada  en el CGIAR se haya convertido en presa fácil de materiales valiosos. El 75% del arroz cosechado en los USA proviene del germoplasma del Instituto Internacional de Investigación del Arroz (IRRI) en Filipinas. Esto ha significado un beneficio neto para USA de mil millones de dólares. La mayoría de las 160 patentes sobre variedades de arroz con resistencia a enfermedades, tolerancia a herbicidas, contenido de almidón, etc. etc. etc., provienen de transnacionales de USA y Japón. Entre las compañías mas agresivas se encuentran: Monsanto, Pioneer Int., Mitsui-Toatsu Chemicals, Japan Tobacco, Mitsubishi Chemicals, Sumitomo Chemicals y Du Pont. El maíz y el fríjol son los otros dos cultivos importantes que también han sido blancos de patentes obtenidas con materiales provenientes de sus respectivos bancos de germoplasma, que se encuentran en México, el Centro Internacional de Mejoramiento del Maíz y Trigo (CIMMYT), y en Colombia, el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT).

Yacón

Yo me vi obligado a denunciar un caso de “biopiratería” o distribución ilegal (CBD) de Yacón al Japón que ocurrió durante 1999 en el Centro Internacional de la Papa (CIP), donde yo trabajé 18 años como científico investigador y durante los últimos tres años también fungía como Jefe del Departamento de Semilla del CIP (Video-Link). El Yacón (Smallantus sonchifolius) es una planta desconocida por la mayoría de los peruanos, no obstante haber sido cultivada en los Andes durante muchos siglos. Pertenece a la familia del girasol, crece en los valles cálidos desde Ecuador hasta el noroeste de Argentina, pero el mayor número de variedades y de usos se da en el Perú.  Restos de Yacón han sido encontrados en tumbas preincaicas de Salta, en Argentina (1-1000 d.C) y en ceramios y textiles de la cultura Nazca, al sur del Perú (500-1200 d.C). En 1615, Guamán Poma de Ayala incluyó al Yacón en una lista de 55 cultivos nativos de los Andes. En 1653, el sacerdote y cronista español Bernabé Cobo se refirió al Yacón como “una fruta agradable que se consume fresca, y con capacidad de resistir la exposición al sol varios días después de la cosecha, tornándose, por el contrario, de sabor más agradable”. Las raíces del Yacón son parecidas a la Yuca, aunque el Yacón es dulce, crocante y delicioso. Tiene una pulpa crema o amarrilla anaranjada, alguna con estrías de color púrpura, muy jugoso y con un leve sabor a sandía.  El alto contenido de fructosa en sus raíces y hojas convierte al Yacón en una fuente muy interesante de edulcorantes naturales, con un alto porcentaje de inulina. A diferencia de otras raíces y tubérculos que almacenan carbohidratos en forma de almidón, el Yacón los conserva principalmente en forma de fructanos – inulina. La inulina pertenece a un grupo de carbohidratos naturales importantes por sus propiedades antidiabéticas.

De manera tal, una raíz de origen andino, que permaneció oculta al mercado urbano por casi 500 años, podría constituir una alternativa magnífica para diabéticos y personas que siguen dietas para bajar de peso, por ser un alimento de bajas calorías. Incluso, coadyuvaría en el alivio de problemas digestivos, circulatorios y de cáncer de colon. El Yacón puede producir 100 T/Ha y es fácil de sembrar desde el nivel del mar hasta los 3,500 metros de altitud. Todas estas ventajas han sido reconocidas por científicos peruanos. Instituciones peruanas como la Universidad Nacional San Antonio Abad del Cuzco, la Universidad Nacional Daniel Alcides Carrión en Oxapampa, la Universidad Nacional Agraria y la Facultad de Ciencias Agrícolas y Forestales de la Universidad de Cajamarca realizan labores de conservación e investigaciones básicas y aplicadas de esta especie, incluido el mantenimiento de bancos de germoplasma. La más grande diversidad genética de Yacón se encuentra en los valles alrededor del Cuzco y al este de Puno, donde todavía se cultivan variedades seleccionadas por los agricultores.

El Centro Internacional de la Papa (CIP) tiene la responsabilidad ante la FAO de mantener la diversidad genética de las raíces y tubérculos andinos (RTA), entre los cuales se encuentra el Yacón. La Sede principal del CIP se encuentra en Lima, Perú. El Jefe del departamento de RTA del CIP resalta la importancia del Yacón así: “Creo que el principal reto que confrontamos en el CIP es hacer del Yacón un cultivo destinado a satisfacer algunos requerimientos de la vida moderna, como la producción de alimentos bajos en calorías y grasas y, básicamente, hacer de él un cultivo comercialmente competitivo, que ayude a los agricultores andinos a generar mayores ingresos”. Este reto, sin embargo, ya está siendo alcanzado, mas no en el Perú.

Yacón

En la actualidad, agricultores de Nueva Zelanda producen Yacón en huertos familiares y los tubérculos son vendidos en los supermercados como “tubérculos especiales”. También ha sido introducido con éxito al Japón, donde existe incluso una Sociedad Japonesa del Yacón, formada por científicos, productores y consumidores. Esta sociedad ha publicado un recetario con más de 50 platos con Yacón.  Muchas variedades de Yacón fueron llevadas del Perú al Japón a principios de los noventa y el CIP participó en varias de estas introducciones.  Cabe recordar que desde 1995, el CIP se rige bajos los acuerdos del CBD, que no permiten el uso del germoplasma en su banco para fines de usurpación de la propiedad intelectual por entes privados. Un autor del proyecto de Ley (1998) “Regulación de Acceso a los Recursos Genéticos del Perú”, escribió “se anticipa que las colecciones de germoplasma previo al CBD no serían afectadas.”  Por consiguiente, los materiales llevados al Japón antes de 1994 pertenecen a sus respectivos “biopiratas” nipones. En noviembre de 1999, bastó una llamada del entonces Embajador peruano en Japón, Víctor Aritomi, cuñado del entonces Presidente Fujimori para que el CIP accediera a entregar ilegalmente 5 clones mejorados de Yacon provenientes de Ayacucho, Cajamarca, Huancayo y Yauyos, al Japón, usando al Instituto Nacional de Recursos Naturales (INRENA) como destinatario “fantasma”.

“No hay nada nuevo bajo el Sol”. Los países ricos cada vez se hacen más ricos a expensas de los países pobres, que cada vez se hacen más pobres. Si el Perú no decide combatir a los “biopiratas”, evitar el “biocolonialismo” y desarrollar la inmensa riqueza de sus recursos naturales, dentro de 100 años la historia nos juzgará como hoy juzgamos a los peruanos que permitieron que la horda de Pizarro arrasara con todo el oro de este país.

Noël Pallais Checa

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